Montserrat.

Antiguo barrio de toros, de reñidero de gallos, de bailes de morenos y de aires españoles. Guarda entre sus límites la Plaza mayor, lugar donde Juan de Garay realizó la ceremonia fundacional. A partir de ella aquél repartió sitios y solares, es decir, organizó la ciudad naciente. Así fue que a su vera, se ubicaron los edificios principales: el Fuerte, el Cabildo y la Iglesia matriz.

Mientras que en las primeras manzanas hacia el sur, las órdenes religiosas erigieron sus templos, como San Francisco y luego Santo Domingo y San Ignacio.

En sus alrededores, los vecinos principales edificaron sus viviendas, desarrollándose simultáneamente la vida comercial y cultural de la ciudad de la Trinidad.

Con el correr de los años, algunos edificios cambiaron su fisonomía y sus usos, pero la mayoría sigue estando en este rincón porteño.

Así en la manzana en que se había erigido el fuerte para la defensa de la misma y que sirvió de sede a las autoridades españolas, hoy tenemos la Casa de Gobierno, símbolo del poder político. (Ya que en ellas cumple sus funciones el presidente de la nación).

En la Manzana de las Luces, limitada por las actuales Bolívar, Alsina, Moreno y Perú, está el Colegio Nacional de Buenos Aires, designado así en 1863 por decreto presidencial. En sus aulas se educaron hombres que llegaron a conducir los destinos del país, como Carlos Pellegrini y Marcelo T. de Alvear. También encontramos en ésta, (sobre Perú) la Sala de Representantes, donde el 12 de octubre de 1862 juró como Presidente de la Nación, Bartolomé Mitre. Allí funcionó a partir de esa fecha y hasta 1864 el poder Legislativo Nacional.

En el edificio que fue de la Procuraduría de Misiones, se instaló la Universidad a partir de 1821. Algunos de sus rectores fueron los Dres. Nicolás Avellaneda y Manuel Quintana, (luego presidentes de la nación).

El antiguo Congreso de la Nación, fue habilitado el 12 de mayo de 1864, alternándose en sus usos diputados y senadores, hasta que estos últimos pasaron a una casa cercana, por la calle Balcarce, en 1895. Diez presidentes pasaron por sus estrados, desde Mitre hasta Figueroa Alcorta.

La Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, donde los jurisconsultos causaban admiración popular, con sus impecables atuendos doctorales, fue lugar de estudio de José Evaristo Uriburu, Victorino de la Plaza, Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña y Marcelo T. de Alvear y en ella impartieron enseñanza, Manuel Quintana y Luis Sáenz Peña.

En cuanto a Centros Sociales, no podemos dejar de mencionar el Club del Progreso en la esquina de Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y Perú, también descripto por Lucio V. López en la Gran Aldea.

En ése "centro" al sur de la Catedral, varios presidentes fijaron su residencia particular. Rivadavia en la calle Defensa, Sarmiento por breve tiempo, en Belgrano entre Bolívar y Perú. Manuel Quintana en Bolívar esquina Belgrano. Avellaneda, en Moreno 785, donde tenía su estudio. En ésa casa de estilo italiano, su esposa Carmen Nóbrega, cultivaba hortensias de China. Luis Sáenz Peña en Moreno 431, donde falleció el 4 de diciembre de 1907.

Buenos Aires llegó en su crecimiento a necesitar de una "arteria" ancha y despejada, que quebrase el trazado en damero inicial. Así nació la Avenida de Mayo. La "Avenida", apelativo que habría de distinguirla "de por vida". Nació con sabor hispano, mientras los edificios que a ella se abrían seguían los lineamientos franceses.

Por la Avenida, transitaron visitantes ilustres como la Infanta Isabel de Borbón en las celebraciones del Centenario (que se extendieron un año) y la mayor parte de los presidentes, en el recorrido entre la Casa de Gobierno y el Congreso. Ella albergó restaurantes, cafés, teatros, hoteles, negocios, oficinas. Por referirnos a algunos, citaremos el Gran Hotel España, fundado en 1897 y primer hotel de la Avenida donde sus chef Carlos Sprianno, preparaba las viandas que enviaba al domicilio particular del presidente Hipólito Yrigoyen. Entre los cafés se destaca el Café Tortoni, con su célebre "Peña" inaugurada en 1926, a la que asistían el presidente Marcelo T. de Alvear y su esposa Regina Paccini, junto a reconocidos personajes del quehacer artístico, cultural e intelectual de la época.

Arquitecto, Ricardo Ruiz.

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