María Elena.

El 2 de diciembre pasado (2010), nos dejó la profesora María Elena Moreta de Perri. Diversos avatares, que comenzaron el 10 de mayo del mismo año, quebrantaron su salud, hasta concluir con su vida en la fecha citada.

Si bien había nacido en Buenos Aires, en Palermo, su familia se trasladó muy pronto a Santa Fe, donde cursó sus estudios primarios y secundarios, para graduarse luego en historia en la Universidad del Litoral, en Paraná, Entre Ríos. Para continuarlos en el 1956, en La Plata. Inició su actividad en el Centro de Profesores Diplomados de Enseñanza Secundaria. Luego por otras distintas escuelas secundarias.

Vivía en Coghlan, pero su actividad docente y sus afectos, la hicieron parte del barrio donde nació la patria, Montserrat. Profesora de historia, su legado ha trascendido porque se proyectó, no sólo a los ámbitos citados, sino también a otros distintos sitios de la ciudad. Enseñando, Integrando, creando, coordinando, participando de instituciones afines.

Su tarea no se detuvo en el aula, sino que avanzó hacia la investigación histórica, con una tozudez, admirable, fue cincelando, clarificando, episodios históricos determinados. No se detuvo en las conjeturas, opiniones o revisiones históricas, ideologizadas por el poder de turno. Huyó de ellos o colisionó con ellos. Pequeña como era, delgada, menuda, tras sus anteojos, exponía con humildad y obstinación, sus propuestas y decisiones. Recibió halagos, reconocimientos, premios, afectos y asumió con estoicismo la mortificación que le proporcionaban los necios. Aún así, siguió adelante.

Hace 21 años, imaginó recrear en el convento de San Juan Bautista, la acción cumplida por las Clarisas, las hermanas capuchinas de clausura (que allí residían) durante los enfrentamientos bélicos por las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Donde quedaron inmolados varios de los asistidos, de ambos bandos. Como un símbolo, del amor al prójimo. Antibélico. También, como primera expresión de autodefensa, de aquellos pocos pobladores de la aldehuela de la Santa María de los Buenos Aires.

Lo concretó de inmediato e invitó a participar de la misma, al primer cuerpo de ejército criollo, los Patricios, que fueron milicias, en aquellas jornadas del 12 agosto de 1806 y julio de 1807. Quince años después, la jefatura del regimiento, la honró con una medalla, como Patricio Honorario. Con tesón, año tras año, reiteró su mensaje, su prédica, su testimonio. Hasta consumarlo, incluso, con un despliegue y esplendor notable, que llegó a todo el país por los medios audiovisuales, en 2006.

El año pasado, su pertinaz gestión, declinó, su salud también. Hace muy poco, partió. Fue un ejemplo, el espejo, que sus amigos, sus hermanos del afecto, deberemos mirar.

Profesor Emilio Santabaya

 

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