José de San Martín, 2ª parte.

San Martín arribó el 25 de julio de 1822 a la isla de Puná, situada en la entrada del golfo del puerto de Santiago de Guayaquil. Que el 9 de octubre de 1820, había decidido luego de un llamado a cabildo abierto y asamblea de sus vecinos, su independencia de España, ungiendo como jefe político de la Junta al entonces regidor José Joaquín Olmedo. La Junta asimismo, exhortaba a las provincias de Quito y Cuenca a imitarle. Todas, pretendían unirse al Perú recientemente liberado.

Además, se propuso de inmediato, pedir ayuda de las fuerzas militares del norte y del sur. Desde Lima, concurrieron los generales Toribio Luzuriaga y Tomás Guido, con quienes el 30 de 0ctubre suscribieron un acuerdo, por el que la Junta conservaría el poder, hasta que se lograse la independencia total, de las provincias de América del sur. Muy poco tiempo después, el 3 de noviembre del 1820 las milicias patriotas de Guayaquil, fueron derrotadas por el mariscal Aymerich en Huachi, cerca de Ambato. Llegado desde el norte, Sucre, hizo un nuevo pacto en nombre del gobierno de Colombia y unió sus fuerzas a los restos de aquellas y en el mismo lugar, en Huachi, fueron derrotados nuevamente, el 12 de septiembre de 1821, por las fuerzas realistas al mando del mismo Aymerich.

La Junta requirió con urgencia auxilio de San Martín, quién envió su división de élite con 3mil efectivos al mando del general Andrés Santa Cruz, con tropas argentinas, chilenas y los granaderos a caballo, que se unieron a Sucre y el 24 de mayo del 1822 en Pichincha derrotaron a Aymerich, liberando a Quito de realistas. Sin embargo el 29 del mismo mes, Quito era unido a la "Gran Colombia". A esto San Martín había hecho reparos, en carta del 3 de marzo de 1822, por entender, "que debía respetarse la voluntad de sus ciudadanos. Algo que enfatizaba, había tratado de evitar, cuando enviara sus diputados desde Lima".

No obstante Bolívar le responde el 22 de junio del mismo año, "haciéndole notar sus discrepancias, porque "el voto de una provincia", no "debía ser consultado para constituir la Soberanía Nacional"...

Antes de la reunión de Guayaquil, con estimaciones aproximadas de las fuerzas realistas, San Martín dirigió varias cartas a gobernadores de las Provincias Unidas del río de la Plata, pidiendo ayuda militar, como también al gobierno de Chile, que conducía el general Bernardo O’Higgins.

En tanto, recíprocas cartas entre los mismos interlocutores, habían concluido en acordar la nueva fecha de reunión, en reemplazo de aquella que había fracasado en febrero, cuando "el libertador" había ocupado Quito. Esta actitud, contraria a los deseos de los patriotas locales, también colisionaba con la opinión de San Martín, como vimos en carta anterior. Además, la guerra de los pueblos de sudamérica, no era de conquista, sino libertaria, no sólo de la corona española, sino de toda dominación extranjera.

(En 1830, las tres ciudades, Quito, Guayaquil y Cuenca, pasaron a constituir la república del Ecuador).

Lo sorprendente para el visitante fue una nota recibida a su llegada, en la que a la salutación y bienvenida, le seguía la invitación a descender "en el suelo de Colombia". Esto le produjo un escozor singular. Una provocación al disenso. Contradecía el interés y la decisión de los residentes. ¿Cuál era el motivo para crispar las relaciones con los patriotas regionales? Lo comentó con sus acompañantes, que lo refirieron luego en cartas y en sus memorias.

Descendió a la ciudad el 26. Describimos antes, el fasto desplegado por el anfitrión, que le había reservado alojamiento para él y sus oficiales, en una casa frente al muelle. Hubo enseguida, luego de atender las salutaciones de los allegados al "libertador de la Gran Colombia", una reunión privada relativamente breve, aunque mayor de la hora que de inmediato retribuyó, visitando en su morada al mismo, con sus edecanes, los generales Guido y Soler, para retirarse después y junto con los hombres de su estado mayor, retornar para la cena.

Recién el 27, luego del mediodía, entre la una y las cinco, celebraron la reunión, sin testigos. (Aún cuando los edecanes de Bolívar, Mosquera y Larrazábal se atribuyeran conceptualmente haber participado).

Que obviamente, determinó conjeturas, dudas, inmediatas y posteriores de los historiadores y los historiógrafos, sobre todo luego de la partida apresurada de San Martín.

Luego fue el gran banquete, que Bolívar ofreció al Protector del Perú.

Los brindis fueron expresivos de sus idearios y actitudes.

Mientras aquél alzó su copa:--- "Para brindar señores, por los dos hombres más grandes de la América del sur, el general San Martín y yo". San Martín respondió:---"Por la terminación de la guerra, por la organización de las nuevas repúblicas del continente americano y por la salud del libertador". Que comenzaba a quebrantarse. Falleció de tuberculosis en 1830.

Luego concluyó la cena y fue el baile y siendo casi las 11, la retirada del visitante junto con el general Tomás Guido, hacia el muelle, sus restantes oficiales le siguieron en minutos, subrepticiamente, retiraron sus equipajes y enseguida llegaron al buque y levaron anclas, con destino a Lima.

Los antecedentes epistolares entre ambos protagonistas proporcionan un poco de luz sobre el tema. Nuestra postura es exponer los hechos, la documentación, no calificarlos y dejar librado a las reflexiones de los lectores, acerca de los mismos, las conductas y actitudes de cada uno de los interlocutores.

"El libertador" anunciaba el 17 de junio del 1822, "...la guerra en Colombia está terminada y su ejército está pronto para marchar donde quiera que sus hermanos del sud, lo llamen"...

San Martín, desde Lima, le respondía, el 13 de julio. "El Perú es el único campo de batalla que queda en la América y en él deben reunirse, los que quieran obtener los honores del último triunfo, ...".

El Tratado de Confederación entre Perú y Colombia, firmado el 6 de julio del mismo año y en nombre de los respectivos gobiernos de Perú y Colombia, por Bernardo Monteagudo, ministro del gobierno del Perú y Tomás Mosquera, edecán de Bolívar, (llegó a general y fue presidente de Nueva Granada entre 1845 a 1849 y de los Estados Unidos de Colombia entre 1861 al 1864), fijaba "... poner prontamente un término, a las calamidades de la presente guerra" y "...emplear todos los recursos y fuerzas marítimas y terrestres". Pero sin embargo el mismo 13 de julio, Bolívar anexaba Guayaquil a Colombia. Sin conocer esto, el 14 San Martín zarpaba del Callao a bordo de la goleta "Macedonia" para arribar el 25 a la isla de Puná, como describíamos anteriormente. Allí, para su sorpresa, halló consumada la unión de la provincia a Colombia. Los miembros de la Junta patriota local, en tanto, habían huido y refugiado en los buques peruanos, anclados allí. A los encuentros protocolares entre "el libertador" y "el protector del Perú", le siguieron algunos encuentros fugaces, saludos, con distintas personas de la comunidad local.

El 27 fue la reunión más extensa entre las 13 y las 17 y luego de la cena, cuando pasaba medianoche, ya el 28 embarcó para regresar. Tras 20 días de travesía, entró en Lima el 19 de agosto y al puerto del Callao, donde fue informado de la caída de su ministro, Bernardo Monteagudo. De inmediato, lanzó una proclama, hacia la población, en la que daba cuenta de lo acontecido: "... tuve la satisfacción de abrazar al héroe del sud, fue uno de los días más felices de mi vida...".

Simón Bolívar realizó más tarde, una pormenorizada exposición acerca de la reunión, a las autoridades de su país y a las de la Audiencia de Quito. Que si bien las firma su secretario José Gabriel Pérez, fueron redactados por él. En ellas Bolívar se refiere sólo a lo amistoso de las mismas, como una visita de buena vecindad, de cortesía. Hace omisión del pedido y las necesidades, que San Martín le expresara antes de la misma, con el propósito de concluir con la guerra. Sin embargo, los escritos, notas, cartas, de sus allegados que fueron sus confidentes, lo contradicen. Confirman y coinciden en esto, los acompañantes de San Martín.

El primer oficio del libertador, fue del 29 de julio del 1822. Un informe oficial, sobre la entrevista, con el título de reservada dirigido a la Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de Colombia. Enviada por su orden y firmada por su secretario y da cuenta de los temas conversados:

San Martín le habló, sobre la situación política del Perú que deseaba terminar a su regreso, renunciando ante el Congreso y retirarse del lugar y de América. La situación de Guayaquil, fue donde afloraron las discrepancias. San Martín propulsaba que fuera la ciudad, sede de la federación que se intentaba constituir.

Acerca de lo político en general, "El protector" insistía, en un régimen monárquico constitucional para el Perú. Nuevo disenso. Bolívar no lo compartía, pero si el Congreso del Perú disponía eso, Colombia no se opondría.

Los hechos acontecidos en las restantes provincias o estados, otrora dependientes de España, fue otro tema. San Martín se excusó de opinar de Nueva España, por desconocer la evolución de los hechos allí. De Chile, se prodigó en encomios y esperanzadas expectativas. En cambio de las Provincias Unidas del río de la Plata, enfatizó sus disensos, con sus enfrentamientos, por el sistema federal.

Algo que le expresara en 1820 a su amigo Godoy Cruz: "El genio del mal os ha inspirado el delirio de la federación. Esta palabra está llena de muertes y no significa sino ruina y devastación".

El último punto fue acerca de la situación del Perú. San Martín no la hallaba preocupante. No reclamó ayuda militar. Planeaba iniciar la campaña a los puertos intermedios. Y el final, "...la oferta de sus servicios y amistad es ilimitada, manifestando una satisfacción y una franqueza que parecen sinceras..."

Otra carta del mismo carácter, reservado, firmada por el mismo secretario Pérez, dirigido al general Sucre, es sólo un resumen de la anterior.

El 29 de julio del 1822, hubo una nota de Bolívar desde Guayaquil, dirigida al general Francisco de Paula Santander, vicepresidente de Colombia.

Describe la presencia de San Martín en Guayaquil, como de aproximadamente 40 horas. "---Ha llegado más bien, para confirmar la amistad recíproca. Incluso, hacia la federación, donde Guayaquil sería el lugar de la residencia del Congreso. Enviaría desde el Perú, un diputado. Acepta la presencia de Tomás Cipriano Mosquera en Chile y Buenos Aires, para que acepten la federación. En fin él desea que la tranquilidad y la paz, sirvan para alcanzar la unión. No ha traído proyecto alguno, ni ha exigido nada a Colombia, pues las tropas que tiene son suficientes".

Otra posterior, al mismo Santander del 3 de agosto del mismo año. Señala que "...va en su encuentro el capitán Gómez, con el acuerdo de Perú y Colombia. El problema Guayaquil está resuelto. Le anuncia que permanecerá allí un tiempo, a la espera de resultados de la campaña militar en el Perú y otras noticias del exterior. Y le pide, el envío de 2mil fusiles y trescientos quintales de plomo para armar un ejército, en caso que el enemigo triunfe de San Martín, lo que, según todas las noticias, puede muy bien suceder..." Esto es sorprendente. Reconocía la posibilidad de una derrota de San Martín o sus generales. De ahí los refuerzos requeridos.

El 9 de septiembre de 1822, J. G. Perez, por indicación de Bolívar envió desde el cuartel de Cuenca, noticias a ministros de Estado, Relaciones exteriores del Perú, Chile y las Provincias unidas del río de la Plata.

Informa acerca de la ayuda que Colombia podría enviar, además de los ya enviados (¿, nunca se había enviado, ni se envió, desde Colombia ningún efectivo, sino después de su alejamiento, ni se devolvieron las tropas que reforzaron a Sucre para enfrentar a Aymerich) en el caso que Perú quiera recibirlos. Reafirma que San Martín no solicitó refuerzos, ni expresó temores sobre una posible derrota de su ejército... sin embargo, expone consejos del "libertador" en caso de un revés, del anterior. Pide a Chile, entre 6mil a 8mil hombres por el sur del Perú y tratar de persuadir al gobierno de las Provincias Unidas, para que colabore con un ejército de 4mil efectivos.

Daniel Florencio O’Leary, irlandés nacido en Dublin en 1800, llegó a Venezuela con las fuerzas del coronel Wilson, cuando era un jovencito, fue edecán y amigo de Bolívar y llegó a general, (era masón como él) escribió sus memorias en 30 tomos, que completó con documentos. Respecto a la conversación de ambos, dice: "...que trataron el estado de la América y el mejor modo de llevar la guerra a feliz término". "Además, como la guerra de Colombia estaba terminada, San Martín venía a pedir auxilios al libertador para dar cima a la del Perú". "Este era el objeto de su visita,... el viaje de San Martín a Guayaquil tenía por objeto lograr la incorporación de esa provincia al Perú".

La versión de José Manuel Restrepo, que fue ministro de Bolívar. En su Historia de Revolución de Colombia en la América Meridional, cuenta sobre la reunión de los libertadores: "Se acordaron los auxilios que Colombia daría al Perú a fin de arrojar a los españoles. Además, los intereses de América del sur, con el fin de expulsar a los realistas." "...que no dudaba del triunfo final en la lucha con los españoles, pero que Bolívar tenía sus dudas".

El edecán y secretario privado de Bolívar, Tomás Cipriano Mosquera*, afirmó haber sido testigo en Guayaquil, de las reuniones de su jefe con San Martín, y lo refiere en el N° 46 de la Crónica de Nueva York, en 1851. * Fue presidente, era descendiente de las familias más prominentes de Caracas, del siglo XIX.

Según éste, San Martín expresó que: "Las tropas que hay en el Perú, sin las que usted manda, no son suficientes para destruir el ejército español. ¿Podría usted dar mayor apoyo? ¿Podría usted ir a tomar el mando militar en el Perú? El libertador le contestó: "... que estaba íntimamente persuadido de la necesidad de auxiliarlo con los esfuerzos que pudiera hacer Colombia; pero que por ahora debía limitarse a los de la división que preparaba, la cual pondría a las órdenes del general Juan Paz del Castillo, que le era conocido, pues había servido a sus órdenes desde Buenos Aires hasta el Perú, (el citado nunca sirvió a sus órdenes en Buenos Aires, porque ambos no combatieron allí y tampoco en el ejército de los Andes) que permanecería con todo el ejército, al sur de la República, para emprender acciones combinadas si el ejército tomaba de nuevo la ofensiva, pero que esto debía arreglarse con un tratado entre las dos Repúblicas y sobre el último punto, de tomar el mando militar en el Perú, le manifestó que tendría mucho gusto en hacerlo, si la República de Colombia se lo permitía y podía ausentarse, sin que para ello sufriera el orden interior ... y continuaba..., mostrándole su preocupación, por haberse ausentado aquél de Lima".

Requerido por O’Leary, el general Tomás Heres#, miembro del estado mayor de Bolívar, le hizo llegar un informe sobre San Martín. Confirma la reunión celebrada en Guayaquil, como secreta, "...con el fin de combinar operaciones que debían emprenderse para libertar definitivamente al Perú. No asegura que hayan acordado nada". "Luego San Martín se retiró a Lima,...y agrega ...muy poco satisfecho del libertador, contra quién concibió un odio, que ha conservado y manifestado siempre." (¿) En qué documento o dichos se basa para afirmar esto?. En su rencor o resentimiento por haber sido sancionado por aquél?

# Heres, fue expulsado por San Martín del ejército libertador del Perú en 1821. Anteriormente pertenecía al regimiento realista Numancia, el que se pasó a los criollos.

En "Recuerdos históricos de la guerra de la independencia: Colombia y el Perú (1819-1826)", el coronel Manuel Antonio López, miembro del estado mayor de Bolívar, de 1822-1824 dijo de la reunión de Guayaquil: "Que la misma fue secreta. Cita las sugerencias de San Martín de un príncipe europeo, en el poder, con control constitucional, que Bolívar no compartía. A continuación, coloca el pedido de San Martín. Justificado, porque una división al mando del general Domingo Tristán de 3mil hombres, fue vencida. Los realistas tenían fuerzas muy superiores, por ello le era imposible concluir con la guerra".

Como conclusión, se observan un cúmulo de contradicciones, entre los dichos de Bolívar y los de sus allegados. Mientras para el primero la visita fue de buena vecindad. Todos los restantes, sólo coinciden con él en lo secreto de la misma y reafirman el/los pedidos de San Martín y hasta los justifican, por distintas razones y alguno de ellos puntualiza,...por la pérdida de una división. Para lo cual era muy importante la unión de los ejércitos, incluso aceptando subordinar su función. (Constaba en documentos, que meses antes, San Martín había solicitado refuerzos militares a los gobernadores las Provincias Unidas del río de la Plata y al gobierno de la República de Chile).

Ambos jefes, es evidente que fueron sorprendidos, incómodos, con sus propuestas y respuestas, que no eran las previstas, ni las esperadas.

Fue claro que San Martín traía un plan militar, estricto, con el fin de concluir la guerra, cuyo cumplimiento era imprescindible, que no fue satisfecho por Bolívar.

También son manifiestos, los disensos políticos, suscitados entre la propuesta de San Martín sobre una monarquía constitucional, tipo inglés, por entonces, para el Perú y la republicana, de Bolívar. Que en definitiva era una autocracia o una dictadura. Coincidieron ambos, en censurar el sistema federal, que tanto daño hacía en la Provincias Unidas, que vivían despedazándose.

Las versiones obtenidas a partir de los hechos y dichos de San Martín, señalan, en la carta al general Guillermo Miller, (el héroe de Ayacucho) el 19 de abril del 1827, (desde su exilio, años después). "En cuanto a mi viaje, a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar, los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra en el Perú, auxilios que eran una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales) que exigía, por los que el Perú tan generosamente había prestado, para libertar el territorio de Colombia. Mi confianza en el buen resultado, estaba tanto más fundada, cuánto el ejército de Colombia después de Pichincha, se había aumentado con los prisioneros y contaba con 9600 bayonetas. Pero mis esperanzas fueron burladas, al ver que en mi primer conferencia con el mismo, me declaró que haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podría desprenderse de tres batallones, con una fuerza total de 1700 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes, para terminar la guerra, pues estaba convencido que el buen éxito de ella, no podía esperarse sin la activa y eficaz cooperación, de todas las fuerzas de Colombia.

Acto seguido, al día siguiente y en presencia del almirante Blanco Encalada, informé al general Bolívar mi decisión de dejar mi renuncia al Congreso del Perú, en el comienzo de su gestión, el mes entrante "...ahora le queda a Ud. general, un nuevo campo de gloria en el que va a poner Ud. el último sello a la libertad de América".

El Presidente de la República del Perú, general Ramón Castilla, recibió el 11 de septiembre de 1848, desde Boulogne Sur Mer, la carta que se transcribe, enviada por el general San Martín sobre la entrevista de Guayaquil: He aquí mi querido general, un corto análisis de mi vida pública, seguida en América: Yo hubiera tenido la más completa satisfacción, habiéndole puesto fin, con la terminación de la guerra de la independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el general Bolívar, me convenció (no obstante sus protestas) de que el obstáculo para su venida al Perú, con el ejército de su mando, no era otro que la permanencia del general San Martín, a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme bajo sus órdenes, con todas las fuerzas de que disponía.

Si algún servicio tiene que agradecerme la América, es el de mi retirada de Lima, paso que no sólo comprometía mi honor y reputación, sino que era tanto más sensible, cuanto que conocía que con las fuerzas reunidas en Colombia, la guerra de la independencia hubiera sido terminada en todo el año 1823.

Otras expresiones de San Martín, referidas a la misma entrevista, dirigidas a sus confidentes, el general Enrique Martínez, jefe de su Estado mayor, cuando éste era presidente de Trujillo, le señaló que: Esta no tuvo más que recabar del general Bolívar un auxilio de fuerzas, para terminar la campaña del Perú, a lo que aquél se negó.

El 20 de septiembre de 1822, luego de la renuncia ante el Congreso del Perú y al cargo, San Martín le confesó a Tomás Guido, su edecán y amigo: "...Bolívar y yo, no cabemos en el Perú: he penetrado sus miras arrojadas; he comprendido sus desabrimiento por la gloria, que pudiera caberme en la prosecución de la campaña. El no excusará medios, por audaces que fuesen para penetrar en la república seguido de sus tropas; y quizás entonces no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al mundo un humillante escándalo. Los despojos del triunfo, de cualquier lado a que se inclinase la fortuna, los recogerían los maturrangos, nuestros implacables enemigos y apareceríamos convertidos en instrumentos de posiciones mezquinas. No seré yo mi amigo, quien deje tal legado a mi patria y preferiría perecer, antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio.

Juan Manuel Iturregui, peruano, lo visitó en 1825, en Bruselas. Acerca de lo acontecido expresó: " ...que jamás temió que hubiese podido fracasar la independencia del Perú una vez proclamada y estando sostenida por la opinión pública, (...) que no obstante, había creído justo y conveniente entrar en un acuerdo de unión y amistad con el general Bolívar, así por la identidad de ambos en suramérica, como para que aquél general auxiliase al Perú con su ejército y se pusiese un término más corto a la guerra con los españoles, (...) Que desde luego, había encontrado en este general las mejores disposiciones para unir las fuerzas a las del Perú contra el enemigo común, pero que al mismo tiempo había dejado de ver un plan ya formado y decidido de pasar personalmente al Perú y de intervenir en jefe, tanto en la dirección de la guerra como en su política; que no permitiéndole su honor asentir a la realización de este plan, era visto que su permanencia en el Perú, debía resultar en un choque con el general Bolívar (...) y conociendo las inmensas ventajas que todo esto debería dar a los españoles, se había decidido a separarse del teatro de los acontecimientos, dejando que aquél, sin contradicción ninguna, reuniese sus fuerzas a las del Perú y concluyese la guerra( ...)

Su yerno el Dr. médico Mariano Balcarce, esposo de Mercedes, la hija de San Martín, fue confidente de su suegro en diversos temas. En carta desde París del 8 de agosto de 1882 y dirigida a Bartolomé Mitre, le dice: Los (documentos) que yo poseo y es mi deseo y voluntad pasen a sus manos con el tiempo, no arrojan ninguna nueva luz sobre la entrevista de Guayaquil y retirada del Perú, cuyas causas se hallan explicadas en la carta a Bolívar y me fueron repetidas veces confirmadas, en conversaciones íntimas por mi ilustre padre, quién me aseguró que no habiendo logrado la cooperación que esperaba del mismo, para completar rápidamente y sin gran efusión de sangre la independencia del Perú, convencido que su presencia era un obstáculo a las aspiraciones de Bolívar y podía prolongar por mucho tiempo la guerra y la ruina del país(...) resolvió hacer abnegación de su gloria personal y dejar que Bolívar, con su numeroso ejército, completase y consolidase la emancipación del Perú.

Balcarce, alude a la carta publicada por Lafond de Lurcy.

Domingo Faustino Sarmiento, Gran Maestre y N° 33 de la masonería, visitó en 1845 a San Martín en Grand Bourg y logró datos, que luego expuso en una conferencia en el Instituto Histórico de Francia, a la que asistió San Martín. "Aquella relación fue compuesta bajo el dictado de San Martín y mereció su completa aprobación".

"Estando los efectivos del norte y del sur dispuestos, la campaña contra los realistas podía concluirse en escaso tiempo, semanas, con seguridades de victoria. ...San Martín ... no queriendo ver más que el buen éxito de las operaciones militares principiadas en el Perú, venía con el ánimo libre de toda idea ulterior a solicitar la cooperación de Bolívar para llevar a buen fin la campaña...Solicitaba el reemplazo de las bajas que había experimentado, la división auxiliar dada a Sucre, porque necesitaba soldados para continuar la guerra. Pedía la reincorporación de Guayaquil al Perú, porque había pertenecido al virreinato(...).

Cuando se trataba de reemplazar las bajas, Bolívar contestaba que esto debió de estipularse de Gobierno a Gobierno, sobre facilitar su ejército para terminar la campaña del Perú, oponía su carácter de Presidente de Colombia, que le impedía salir del territorio de la República. (...) San Martín creyó haber encontrado la solución de las dificultades y como si contestase al pensamiento íntimo del libertador. "Y bien general, le dijo, yo combatiré bajo sus órdenes. No hay rivales para mí cuando se trata de la independencia americana. Esté Ud., seguro general, venga al Perú, cuente con mi sincera cooperación, seré su segundo".

Más tarde, en 1867, Sarmiento escribió sobre la reunión de Guayaquil lo siguiente, sobre los dichos de San Martín:

El objeto de mi visita es muy simple. Desde luego, la anexión de Guayaquil, que había dado ocasión a desavenencias. Nuestra misión como generales en jefe, le decía yo, es sólo vencer a los españoles. Los pueblos arreglarán sus límites. Por otra parte, yo no tenía fuerzas para abrir una nueva campaña contra los mismos y era necesario reunir nuestras fuerzas. Iba pues a ofrecerle el mando en jefe de ambos ejércitos, poniéndome yo a sus órdenes.

A esto, Bolívar oponía que él dependía absolutamente del Congreso de su país y no podía arreglar nada por si...

No abriremos juicio, ni calificaremos, ni haremos inferencia alguna, acerca de la investigación realizada. Los documentos, hechos y circunstancias evaluados y disponibles, indican, señalan, orientan, guían a los lectores sobre los entretelones, y las actuaciones, de los interlocutores de la reunión de Guayaquil.

El retiro de San Martín del escenario de la guerra, luego de la reunión de Guayaquil estaba previsto. Ya el 18 de agosto de 1821 después de asumir en el Perú, le escribe a Bernardo O’Higgins: "...he tenido que hacer el sacrificio, pues conozco que al no hacerlo así, el país se envolvía en anarquía. Espero que mi permanencia no pasará de un año, pues Ud. conoce mis sentimientos, sabe que no son mis deseos otros que el de vivir tranquilo y retirarme a mi casa a descansar".

Confiaba por entonces en obtener en la reunión la ayuda necesaria para culminar la guerra. Al menos el retorno y reemplazo de las bajas de la división enviada a Sucre, para batir a Aymerich, no menos de 3mil efectivos.

García del Río le escribe a San Martín el 21 de marzo de 1822: "...me parece absolutamente indispensable, que cuando usted regrese de su viaje, entre otra vez en el mando y se reciba de él con la mayor solemnidad posible, enseguida procede usted a la apertura del Congreso y allí puede renunciar el mando político, sin que entonces tenga nadie que morder a Ud. ni quede lugar a creer que el paso ha sido forzado. Esta es mi opinión: Ud. resolverá sobre todo lo que crea más conveniente".

Había regresado a Mendoza entre los plácemes y cariño de sus vecinos y camaradas, su chacra le aguardaba. Pero, al continuar el mismo a Buenos Aires, el 20 de noviembre de 1823, supo antes de llegar de la insidia de los secuaces del poder. De la infamia y la calumnia. Su correo era retenido, se difundían versiones antojadizas. Que llegaron a provocarle para apurar su decisión hacia uno u otro bando político. El pasado 3 de agosto de 1823, había fallecido de tisis, Remedios su esposa, sin poder acercarle un consuelo.

Llegó el 4 de diciembre del mismo año. Dejó su equipaje en la Fonda-Hotel de los Tres Reyes y de inmediato se trasladó a casa de sus suegros, los Escalada. Había fallecido en 1821 D. Antonio y su esposa, la viuda D. Tomasa de la Quintana con su hija Mercedes estaban en una quinta situada donde hoy está el Parque Ameghino, en Caseros y Monasterio, donde murió Remedios, perteneciente a Bernabé, medio hermano de aquella.

Luego arregló con el "tío Congo" esclavo de la familia, que había continuado a su servicio, a pesar de su libertad después del 1813, ir a la Recoleta, inaugurada el año anterior. Antes pasaron por lo de Julio Estenard, quién había tallado la lápida. Era entonces una tumba solitaria. Sólo dispuso algunas acciones respecto a aquella y pidió de inmediato los pasaportes para si y su hija, rumbo al puerto de el Havre. No reclamó los sueldos adeudados desde 1819, que el gobierno tampoco se ocupó de tramitarle. Embarcó el 10 de febrero de 1824 en el buque Le Bayonnais de bandera francesa, con el fin de poner a su hija en un colegio, pupila y regresar, de ser posible en el mismo año o el siguiente. Así le escribe a su compadre el coronel Federico Brandsen: "...dentro de una hora parto para Europa...

Arribó dos meses después, el 24 de abril pero suscitó reparos y sospechas de las autoridades, por entonces aliadas de los borbones españoles, por sus antecedentes revolucionarios. Sus documentos le fueron objetados y retenidos. Luego de múltiples inconvenientes, no aceptaron su permanencia en Francia. Debió embarcar hacia Inglaterra, a Southampton, adonde llegó el 4 de mayo, allí se estableció temporalmente. Contactó con Mr. Mac Duffy-lord Fiffe, quién lo vinculó a la alta sociedad. Grandes festejos y elogios. Se reencontró con Diego Paroissien, sul médico y el de sus ejércitos, con García del Río entre otros. Estuvo de mayo hasta diciembre de ése año. Entretanto en Buenos Aires, se le atribuyen diversas gestiones, difamatorias, como la compra de dos fragatas para el Perú.

Su hermano Justo Rufino, intentó ante el ministro Le Corbiére, la factibilidad que fuera aceptado en Francia, con resultado infructuoso. Decide entonces ir a los países bajos, se instala en Bruselas, Rue de la Fianceé N° 1422. En una pensión inglesa había dejado a Mercedes, que tenía entonces 8 años.

Dejó en un colegio pupila, a cargo de sus hermano y fue a Inglaterra el 16 de mayo en el Lady Wellington, a Falmouth, a visitar a su antiguo subordinado el general Miller.

Bruselas era muy económica, por tres habitaciones y un gran jardín pagaba sólo 1mil francos por año. Allí recibió a su amigo Miller que deseaba reunir datos para completar sus memorias y su biografía. También allí recibió a su amigo Tomás Guido, con quién compartió un puchero.

Los medios de que disponía correspondían al adelanto de dos años de pensión del gobierno del Perú. En cambio desde Buenos Aires, Rivadavia no trepidó en ignorar los seis años de deudas, de sus sueldos desde 1919.

El 21 de octubre de 1828, salió de Falmouth a bordo del Contess of Chichester, barco de vapor que hacía su viaje inaugural por primera vez hacia el río de la Plata. Se registró como José Matorras. Llegó cuando gobernaba Dorrego, al que había radiado del ejército del norte, por díscolo. Pidió pasaporte hacia Montevideo, donde permaneció tres meses. Desde allí le dirigió una carta a Lavalle, pidiéndole reflexionar, cuando aquél había depuesto al anterior. Sirvió de poco. Los conjurados persistieron en guiar al anterior al abismo. Abatían dos pájaros de un sólo tiro.

En el 1830, huyendo de una epidemia de cólera que afectó Bruselas, pudo acceder a París. En casi toda Europa se desatan las revoluciones liberales. El 17 de diciembre fallece en Santa Marta, de tisis, Bolívar.

En el 1832, el 13 de diciembre, se casa Mercedes con el médico familiar Mariano Balcarce.

La vida del mismo transcurre en calma, evitando vincularse con los conflictos y luchas intestinas que tanto daño le infieren a su patria. Mientras vive en Boulogne Sur mer, fallece el 17 de agosto de 1850. El hombre que más hizo por la nacionalidad.

(La bibliografía por razones de espacio irá en la próxima entrega)

Prof. Emilio Santabaya.

 

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