El circo y el teatro.

(Actividades culturales de los porteños).

Las atracciones circenses, comenzaron en el Virreinato del río de la Plata sobre el final del siglo XVII, con la llegada de los primeros volatineros. A semejanza de los europeos, trasladaban originalmente en sus carretones tirados por caballos, sus enseres personales, carpas, jaulas con animales y las estructuras de las pistas circulares, que constituirían su picadero. También así viajaban ellos, sus mimos, juglares, equilibristas, malabaristas, acróbatas, ecúyeres, bailarines, hasta incluir hacia la mitad del siglo XIX, números de escuela de equitación, de gimnasia en anillas, en paralelas, de lucha greco romana, etc.

Pero mientras aquellos en el viejo mundo, se orientaron a ofrecer espectáculos para niños, el circo nuestro se volcó a todo público, exaltando la destreza, la fuerza, la payasada, la funambulería y el riesgo mortal. (Fueron mártires de esto, entre tantos Ketty Brown, Enrique Caballé, Angelita Bozán, Frank Brown, Pablo Podestá y otros. Estos dos últimos con importantes secuelas).

El circo fue evidentemente anterior y más popular, tanto en la ciudad como en la campaña, que el teatro, con espectáculos elementales, más burdo, grotesco, guarango y grosero. Menos intelectualizado, decían los vecinos más conspícuos, diferentes de aquél, que sólo fue ciudadano y elitista en alguna medida, sobre todo cuando aparecieron los espectáculos líricos.

Buenos Aires sólo era para la metrópoli, el puerto de salida de los cuantiosos recursos obtenidos por los colonizadores, mediante las encomiendas, la mita (los turnos), las misiones y el yanaconazgo. Oro y plata sobre todo, (que según los recibos de los Archivos de Indias, arribaron al puerto de San Lúcar de Barrameda, entre 1503 y 1660, más de 180 mil kilos de oro y 16 millones de kilogramos de plata, (¿) el cerro de Potosí, en barco desde los puertos cercanos a Lima, en viajes muy extensos y peligrosos porque debían dirigirse al sur hasta el estrecho de Magallanes o doblar el cabo de Hornos. Sin contar la cantidad que fue objeto de saqueo por piratas, como tampoco, la perdida por tifones o tempestades.

La alternativa, era viajar en mulas y carretas tiradas por mulas o bueyes, cuando esto fuera posible desde el Perú, verdadero centro político regional, con un aparato militar considerable y numerosos funcionarios.

La ciudad refundada en 1580, * por D. Juan de Garay, un vizcaíno de 56 años, con la base poblacional de inmigrantes provenientes del Paraguay (muchos "mancebos de la tierra", mestizos, hijos y nietos de español e indígenas) y algunos sobrevivientes de Cayastá, la antigua y primitiva Santa fe, no era el ámbito adecuado, para percibir y comprender la literatura (de Víctor Hugo, Emilio Zola, Gustavo Flaubert, Honorato de Balzac, Guy de Maupassant o poetas románticos como Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Alfredo de Musset o Paul Verlaine) y menos aún el teatro, habitual y solamente francés, que se consumía en la Europa occidental continental, del que tanto se burlaba Don Miguel de Unamuno, "el rector de Salamanca".

Su población no estaba preparada para entenderlos (porque se juzgaba a sus habitantes limitados, incapaces, de bajo nivel social y cultural, muchos de ellos, comerciantes despreciables, por estar vinculados al contrabando, sobre todo inglés).

El menoscabo era evidente, la discriminación también.

*La primera fundación de Buenos Aires de 1536, realizada por el Adelantado Don Pedro de Mendoza "a cuatro leguas del puerto, situado sobre el río de Solís y media legua de la ensenada de los navíos, sobre el Riachuelo" de acuerdo a las investigaciones del R.P. Guillermo Furlong, actualmente terrenos contiguos a la Plaza Marcos Paz, en Parque de los Patricios, o según Enrique de Gandía, en las proximidades del Parque Lezama, fracasó por enfermedad del mismo (venéreas, "el mal napolitano" o "mal gálico", sífilis en el tercer estadío, con la presencia de numerosos "gomas", nódulos específicos en distintas partes del cuerpo, viscerales, cerebro y cutáneos, incluso en sus manos, derecha). El hambre, durante la travesía se consumieron más de la mitad de los abastecimientos, sumado todo a la deserción de algunos insubordinados díscolos que remontaron con sus naves hacia el Caribe y la agresión de los indios.

La destrucción por un incendio*, hacia fines del siglo XVIII, en 1792, el 15 y 16 de agosto, del Teatro de Comedias, para el vulgo de la Ranchería**, construído en la ranchería (depósito de negros esclavos) contiguo al mercado del centro en la plazoleta de Alsina y Perú, adonde un siglo después con el ingeniero Rufino de Elizalde se instalaron las primitivas usinas, dejó a los volatineros como única atracción popular y familiar. Había sido fundado en 1780, por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo.

*Se intuyó que fue intencional, por una bengala o cañita voladora lanzada desde San Juan, por las objeciones de la jerarquía esclesiástica, hacía a sus representaciones.

**Por su aspecto exterior era un galpón, semejante a una caballeriza. Distante de la lujosa Casa de Comedias de la vecina orilla, que aunque diminuta, fue construida por donación de un distinguido vecino Manuel Cipriano de Mello, ubicada donde luego estuvo el Teatro de San Felipe.

Luego de la revolución de mayo, el teatro recobra importancia. Sobre todo en la década del 20, según el inglés J. A. Wilde, dice en el "Argos", publicación de espectáculos que dirigía su padre Santiago Spencer Wilde, (el apellido original era Wild, la e se la agregaron después) dueño además del "Coliseo" único teatro de la ciudad, (junto con los hermanos Zelaya, Gumersindo y Juan Bautista, de Cangallo y Reconquista, frente a la Merced, a una cuadra del circo Olímpico, que estaba sobre Cuyo, (hoy Sarmiento) que también regenteaban ingleses, con pruebas ecuestres. En sus comienzos en 1921 el "Coliseo" no estaba totalmente techado, recién lo fue en 1851.

El Coliseo o Coliseo provisional, comenzó en el 1804 y concluyó por ser el Teatro Argentino. El 27 de septiembre de 1825 ofreció "El Barbero de Sevilla" de Rossini, con la dirección del maestro Santiago Mazzoni y las voces de Pablo Rosquellas, Angelita Tanni y Miguel Vaccani en los roles de Almariva, Rossina y Fígaro. En 1826, presentó "La ceneréntola", también de Rossini y en el 1827, "Don Giovanni" de Mozart. El Teatro de la Opera nació en 1872, sobre Corrientes y en el N° 1490 de la misma calle el "Politeama". "El Nacional" en Florida 146, "San Martín" en Esmeralda 247, "Odeón" en la misma, casi Corrientes y el "Marconi" en Rivadavia 2330.

Las actividades culturales, se circunscribían geográficamente al barrio de Montserrat, también llamado "del mondongo" porque sus habitantes se alimentaban de ésas achuras, que les eran obsequiadas habitualmente, luego de faenar las reses.

Las tonadillas escénicas, eran rematadas por la tirana* o la bolera, cantado a una, dos o tres voces, como una especie de sainete lírico, con arias, dúos o coros. Que en el "Argos" se censuraban por su pobre valor artístico. Las intérpretes del espectáculo anterior eran llamadas tonadilleras. A esos cantos y actuación, le siguieron las danzas, cielitos, vidalitas, seguidillas, sevillanas y las contradanzas (francesas, españolas y criollas) que trataban de prohibir los religiosos, porque les atribuían lascividad, porque las parejas las bailaban enfrentados, decían "sexo a sexo", sobre todo en los bailes de disfraz, en casas particulares.* El maestro Pedro Sofía, gran violinista, de la Orquesta Sinfónica Nacional, escribió un tango "La Tirana".

El fandango del teatro, sinónimo de fiesta, danza, fue contemporáneo con los bailes privados promovidos por negros, junto con los candombes, tambos o tangos, al decir de algunos, incitantes de lujuria y concupiscencia.

Del Perú, llegó un ritmo, monótono, llamado yarabis o triste, que se acompañaba con una guitarra pequeña, "el cuatro", afinada muy alto, como tiple. No siempre bien entonado, se cantaban coplas que destacaban los triunfos patriotas o los anteriores de los españoles contra los portugueses. De éste ritmo derivan los payadores urbanos, entre ellos Pantaleón Rivarola, (1745-1821). Según Ventura Lynch, varios de los ritmos escuchados, cifras, estilos, cielos, fandangos, eran deformación de aires andaluces y se cantaban como boleros, habaneras, saetas, fandanguillos, etc.

Desde el 1817 actuaba y se lucía allí una joven actriz, "no sólo atractiva, sino además muy interesante, de finos modales y dulcísima voz", al decir de Wilde, que la ciudad aún la más conspicua, a pesar de diversos escándalos que protagonizó, llegó a admirar y convertir en mito, por sus excelentes interpretaciones.

Se llamaba Trinidad Guevara y había llegado desde la Banda Oriental en el mismo año. Nacida en Santo Domingo Soriano, compartió escenarios con Luis Ambrosio Morante, un actor mulato, con el gran Juan Aurelio Casacuberta, Cáceres, La Puerta, Ruiz, Pablo Rosquellas y otros. Fue sin duda, junto a Alicia Montes de Oca la mejor actriz cómica durante más de treinta años. Aunque aquella se convirtió en mito.

Se enfrentó con enorme dignidad al escarnio y la difamación de Francisco Castañeda, un curita (que había auxiliado a los defensores de la ciudad, desde la parroquia del Socorro en los combates del Retiro, en la segunda invasión inglesa, 1807) que desde varias de sus publicaciones (seis, dirigidas contra el gobierno de Rivadavia) todos de nombres estrambóticos, por ej. "El despertador teofilantrópico" la exponía, por lucir un medallón con el retrato de un hombre casado, supuestamente su amante. Acotemos que para Castañeda, el teatro significaba el demonio, lo creía discípulo de Voltaire, de Rousseau.

Las opiniones de distintos críticos y biógrafos posteriores, coinciden en los elogios. Tomas George Love que en el 1825 escribió "Cinco años en Buenos Aires vistos por un inglés" y que luego en el 1826 fundó el primer periódico del mismo origen, el "British Packett", Roberto Bosch hijo del Dr. Ventura Bosch, médico y Arturo Capdevila, éste describiendo también su vida privada*.

*Llegó aquí en el año citado con el general Manuel Oribe, con quién había tenido el año anterior su primer hija, Carolina, que educó la familia de aquél. Luego tuvo otros seis, de diferentes padres, aunque Manuel B. Gallardo, el del retrato, tuvo que ver con tres o cuatro de ellos, que incluso llevaron su apellido. Su adhesión al gobierno de Rosas determinó tras la caída del mismo, su alejamiento de las tablas. Vivía por entonces retirada, con su hija menor Laurentina y trabajaba como costurera, cuando falleció en 1873.

Por el 1823 la escena mostraba al mencionado Casacuberta, lucirse junto a una mulatilla Ana Campomanes, (cuyo nombre real era Ana Rodríguez, se desconoce el origen del Campomanes, aunque puede ser un seudónimo, tomado de uno de los ministros de Carlos III). Habría nacido en 1788 y se inició en la actuación en el 1812. Falleció en 1841, de 53 años.

Esta fue la primera actriz criolla que bailó y cantó lundun, hondun o lundú, (quizá ésta sea la mejor grafía), baile transculturado de Brasil, que por sus cabriolas era calificada como licenciosa. Lo hacía con el actor, cantante lírico y bailarín Juan Antonio Viera, pardo, que murió en Milán, Italia, luego de presentarse en distintos espectáculos. Además, bailaba fandangos y otras canciones, monótonas algunas, groseras otras, con el mismo Casacuberta. Este también lo hacía, con la actriz Manuela Martínez y unos años después en 1829, lo hacía Miguel Vaccani con su esposa.

Estas danzas fueron antecesoras del tanguillo andaluz y de la zarzuela. José M. Ramos Mejía en "Rosas y su tiempo" desdice a los admiradores de aquella, inclusive a Santiago Wilde y censura a "la guaranga" de la escena.

En los bailes de la aristocracia, se bailaban acompañados de piano, el vals que llegó en 1807, contradanzas, minuets, cuadrillas*, vidalitas y cielitos. "Melodías argentinas" que recopiló el poeta Esteban Echeverría con música de Juan Pedro Esnaola. Aunque también había malas copias de romanzas francesas e italianas.

Luego aparecen obras musicales de Juan Bautista Alberdi (el autor de las "Bases para la organización nacional", de la constitución nacional de 1853) Alberto Williams y Eduardo Wilde, entre clásicas y populares, que se podían escuchar con otros instrumentos, violín, arpa, flauta y guitarra.

*La cuadrilla pasó desde la aristocracia al pueblo. Con el lundú pasó al parecer lo contrario.

Luego de Rosas, en 1860, ingresa la guitarra de concierto, cuando llegan Gaspar Sagreras, Bernardo Troncoso, Juan Valler y otros, con obras de Sor y de los discípulos de Tárrega, Llobet y Prat y otros.

También por los mismos años los negros se recluyeron en sus sitios, tambos o tangos, con sus candombes y fiestas, que solo se manifestaban en las comparsas y sociedades o naciones propias. Son músicas en tiempos de habaneras, quebradas (interrumpidas, cortadas) por el tamboril, habitualmente con guitarra o piano, si era factible. Concluyeron en milongas, cantadas por Gabino Ezeiza o Higinio Cazón, ambos morenos.

En tanto en el mismo período, el circo llegó a representar y expresar no pocos hechos trascendentes del acontecer nacional, desde los primeros triunfos patriotas (Suipacha, Tucumán, Salta, etc. luego de la Revolución de Mayo) y otros sociales y políticos de la vida ciudadana. Incluso rescató músicas y danzas autóctonas regionales ignoradas.

Con Rosas # el circo estaba de parabienes. En el cenit. Lo popular era lo único importante, "---porque debía halagarse a las gentes, como sea"---le decía en diversas notas Doña Encarnación Escurra a su esposo "El Restaurador de las leyes" ---"porque de ellos depende el poder".

# Que paradojalmente, alcanzó las más altas jerarquías del mismo y por muchos años (desde 1829 al 1851) con muy pequeñas interrupciones. Como también las más altas graduaciones militares sin haber participado, ni haber salido jamás de sus ámbitos naturales, sus posesiones campestres, su hacienda y luego, su quinta de Palermo que por cierto le redituaban cuantiosas regalías a partir de la Aduana de Buenos Aires, especialmente de los saladeros de carnes. (Privilegios que le censuraran con una copiosa correspondencia varios gobernadores provinciales, sobre todo Ferré, de Corrientes y luego también otros).

No obstante, no pocos autores lo hacen participar muy activamente en las invasiones inglesas, cuando sólo tenía 13 años y era muy menudo y retacón. También cuando fue nominado Comandante Mayor de milicias y más tarde Brigadier General (rango que nunca le fue conferido al "Padre de la Patria" D. José de San Martín) no había conducido más que pocos o muchos hombres, que se desempeñaban como peones de sus estancias, auxiliados por los puesteros de los campos propios o de sus parientes y vecinos, los Anchorena y los Terrero, vinculados todos a la exportación e importación de carne bovina u ovina en pie o salada, especialmente a Inglaterra.

Los uniformizaba con el atavío de color rojo, que él también vestía habitualmente en su uniforme militar, no como disfraz, sino como símbolo del poder, por ello el nombre de "los colorados del monte". Excepcionalmente sus acompañantes, fueron oficiales con experiencia militar anterior, en las guerras por la independencia o con el imperio lusitano y con rango y méritos obtenidos por ello, Angel Pacheco, Martiniano Chilavert, Reyes, Corvalán, Eugenio Garzón, Manuel Oribe (los últimos, orientales), etc..

El 5 de agosto del 1859 "El Nacional" denunciaba, que persistían aún en distintos ámbitos institucionales los símbolos rojos de "la Mazorca".

La Confederación Argentina durante su mando consumía, frenos, espuelas, cabezadas, riendas, bastos, caronas, encimeras, cinchas, ponchos, camisas, vestidos y ropas de dama, calzados, es decir todo lo necesario para el hombre de campo y también para las gentes de ciudad, manufacturas, realizadas en la "vieja albión", con materias primas obviamente del país.

Nuestra ciudad aún no era considerada, a pesar que después de Caseros, desde 1852, comienza no sólo la organización política del país, en las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, sino además, por los formidables cambios edilicios propuestos por los Intendentes Torcuato de Alvear y Antonio F. Crespo, que imitaban las avenidas parisinas, con arquitectura equivalente, con sus edificios altos alineados, sobre todo en la avenida de Mayo con las cúpulas espléndidas de sus hoteles, sus hermosas farolas, que para la década del 90 tenía más de 100 lámparas de 2000 bujías traídas de Europa por el Ingeniero Rufino de Elizalde y la iluminación eléctrica del centro, que funcionaba con una primer usina situada en Perú y Alsina (donde también estaba el "Mercado del Centro") que en el 95, fueron cinco, Boca, Paraguay, Paseo de julio, Cuyo y Centro. Sus parques, jardines y paseos, diseñados por el arquitecto Thays, su Rosedal que imitaba los jardines de Roma o " les Champs Elyssés", su subterráneo iniciado a cielo abierto, en el 1910 y concluido en el 14, con sus preciosas mayólicas, su formidable Palacio Barolo (cuya construcción no alcanzó a ver concluida su donante) que en su espacio y recepción central exhibe las diferentes instancias de la obra magna del Dante, "La Divina Comedia" y de vivir en ella cerca de un millón de habitantes.

Lo peor era que tampoco existía en éstos, el concepto de nación, de país, de argentinidad. Menos aún de patria. Era sólo el agrupamiento y la sumatoria de gentes en un territorio. Sobre todo, luego de 1870 cuando con Alberdi y la legislación creada por Nicolás Avellaneda (el presidente más joven que tuvo el país, de sólo 37 años) se abren las puertas de la inmigración. Insistía en ello José Ingenieros en sus escritos (en "El hombre mediocre" y en otros y sus expresiones, aún están vigentes). Se lo expresaba también así el escritor Ricardo Rojas al rector de la Universidad de Salamanca:----Hasta los monumentos de Mazzini y Garibaldi (sobre el Paseo de Julio, hoy Av. Leandro N. Alem y en Plaza Italia, respectivamente) dicen a los compatriotas que arriban: "---No llegáis a una metrópoli, sino a una colonia".

Después de Rosas, hubo un lapso de precario teatro nacional. Sin embargo Walter Reta dice por esos años hubo más de 40 obras de autores nacionales, 24 de orientales y otras diez que son anónimas. Existen además, varias instituciones, "Buen gusto de teatro", "Sociedad de amigos del teatro nacional", "Sociedad protectora del Teatro nacional", que luchan por los derechos de autor contra los empresarios, además de las orientales "Talía", "Estímulo dramática" y "Romea".

"El amor de la estanciera" de José de Lavardén, de Juan Cruz Varela dos tragedias, otras de Santiago Wilde y José M. Gutiérrez. Sin embargo había diez salas teatrales, el "Victoria" inaugurado el 24 de mayo del 1838, que estaba sobre Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) entre Tacuarí y Buen Orden (hoy Bernardo de Irigoyen), "De la Federación", "Del Buen Orden", Onrubia" luego "Victoria y Maravillas", "Del Porvenir", "El Dorado", "El Doria", "El Alcázar" y otros. Era posible ver espectáculos foráneos, nada menos que 106 obras en el 1841, de españoles (Félix Lope de Vega y Carpio) Lope de Vega, "el Fénix de los ingenios", Manuel Bretón de los Herreros, José Zorrilla, Pedro Calderón de la Barca, Mariano J. de Larra y franceses Víctor-Marie Hugo, Eugenio Sue, Jean Baptiste Poquelín (Molière), Jean Racine, Pierre Corneille, sobre todo (además de distintos varietés, por tonadilleras, cuplés, "tablaos" flamencos, líricos italianos, franceses y excepcionalmente ingleses o alemanes).

A partir de 1884, el circo reestructura el espectáculo, con los hermanos Podestá, (sus padres, antiguos vecinos de Buenos Aires, con almacén de ramos generales en Montserrat, huyeron ante la llegada de Urquiza, por temor a represalias por haber adherido a Rosas, porque así se eximían de impuestos) con una primera parte específicamente circense y otra con la presentación de obras gauchescas, hasta llegar a incluir un fin de fiesta, con danzas, gavotas, lanceros, polcas, estilos, gatos, cifras y pericones.

Al ser integrados por familias, el circo mostró una arraigada y sana exaltación de valores (jamás un escándalo, tampoco se constató un hecho delictivo. Por el contrario varios cirqueros fueron víctimas de agresiones, recordemos el incendio intencional que sufrió el que montara sobre Florida, Frank Brown).

Luego incluyó manifestaciones deportivas, muchas veces con sentido didáctico, gimnasia en barras, en el potro, en anillas, lucha grecorromana, box, equitación de alta escuela, etc. A los Raffetto, Henáult, los hermanos Podestá, Scotti, Anselmi, Carlo (Jorge y Federico), Frank Brown* y su esposa Rosita de la Plata*, se debe que llegaran a pueblos olvidados del país aquellos con su arte. Antes y contemporáneamente con el teatro, aunque para públicos muy diferentes. Y mucho antes que el cine y la radio.

* Nacido en Brighton, Inglaterra, el 6-9-1858 y fallecido el 9-4-1943.

**Era Rosalía Robba, soberbia acróbata, que actuaba sobre caballos y admiraron varias cortes europeas, fue anteriormente esposa de Antonio Podestá, de quién se divorció).

Su interdependencia con el teatro nacional, le permitió crear expresiones que luego se extendieron universalmente. El "zanahoria", nombre de los presentadores de librea, vestidos con los uniformes que Giuseppe Chiarini * comprara en Méjico, como rezagos, pertenecientes a la servidumbre del emperador Maximiliano, después de la derrota de éste ante Juárez en 1864; un tipo característico de clown, "Pepino el 88", Frank Brown, etc. En el circo cantaron los últimos payadores. Fue también el ámbito donde se escucharon los primeros tangos.

*Chiarini comenzó en el país en 1828-9.

En el naciente teatro, del nuevo siglo, pugnaban distintas doctrinas estéticas, aunque también las románticas, que pretendían regresar. El Parnaso poético con Darío y Lugones a la cabeza, estaba en decadencia. Obviamente muchos de los más jóvenes adhirieron. El mismo, se caracterizó por presentar los problemas sociales con el realismo de Malraux. También por exhibir un lenguaje costumbrista, con un sentido pedagógico. Se jerarquizó lo autóctono, sobre todo en Florencio Sánchez, Enrique García Velloso y José González Castillo, que referían las vicisitudes y las tragedias del inmigrante, la transformación de la sociedad, los enfrentamientos y competencia de los recién llegados con sus habitantes primitivos, por los puestos de trabajo, incluso con el gaucho, los cuestionamientos al sistema social imperante, mediante el grotesco* y el criollismo** con todas sus expresiones, musicales también, en oposición a los espectáculos que llegaban de Europa, principalmente el cuplé o la lírica.

El tango a pesar de llevar aproximadamente tres décadas de vida, recién en 1903 había ingresado en la sociedad. Sufría las críticas de algunos intelectuales, Carlos Ibarguren, Enrique Larreta, la censura de personajes vinculados al poder político, religioso y policial, Urien, Alzogaray, Romay, Batiz y las consecuentes prohibiciones para acceder a las reuniones sociales, excepto en las fiestas de carnaval, que se realizaban en los teatros.

Ventura Lynch en 1883, afirma: "---Las milongas las bailaban los compadritos de la ciudad y los niños bien, como burla a las danzas de los negros, en sus sitios". A pesar, que con el nombre de tango, se vendían numerosos artículos, desde lencería femenina, hasta una enorme cantidad de elementos, provenientes de almacén, aceite, pomada de zapatos, etc. La inmigración había comenzado su obra de influencia, para bien y para mal. El arribo en un lustro de más de un millar de profesores de música elevó el nivel y jerarquizó los conocimientos. Sus agrupamientos en sociedades de artesanos, por sus oficios, (como también lo hacían los canfinfleros de la Sociedad de Varsovia y luego de la Zwi Migdal) en las plazas próximas a Montserrat, del Once, Lavalle, Lorea, junto a sus paisanos, hizo que el desarraigo fuera menor que la nostalgia. Las letras de tango que aparecieron en la segunda década del siglo XX, estuvieron impregnadas de los valores y los pesares que aquellos propusieron. Lo había hecho como polizón entre gavotas, lanceros, habaneras, valses y música clásica, en el restaurante-bar "El Americano" de los hermanos Gando, de Cangallo casi esquina Carabelas, con la orquesta de José Luis Roncallo (cuyo padre como Rinaldi, importaba organitos) que ejecutaba para los concurrentes "El choclo" de Angel Gregorio Villoldo, como canción criolla.

En 1908 se inaugura el Teatro Colón*, orgullo del arte lírico y del ballet, por sus representaciones e invitados especiales. Allí fueron presentados autores notables como Vicente Blasco Ibáñez, Anatole France, políticos como "El tigre" Clemenceau, inventores como Guillermo Marconi.

*El primigenio se hallaba en el espacio que ocupa hoy el Banco Nación, frente a la plaza Mayor, llamado por entonces "hueco de las ánimas", sobre el camino del Rey (avenida Rivadavia), sobre la derecha de la Casa Rosada, (de gobierno) desde 1857 a 1888.

El teatro gestábase en los cafés literarios y la competencia y rivalidad eran posteriores al estreno.

*Como una interiorización del sainete, perteneciente al género chico o como una forma superior del contenido, como denuncia social, dijo David Viñas en el prólogo de las Obras completas de Armando Discépolo, Edit. Alvarez, 1969. El sainete hermanado al tango describe rápidamente, fluidamente en diálogos y réplicas tanto graciosas como dramáticas, escenas y circunstancias rematadas en risas o canciones, como las zarzuelas.

**El criollismo nació como respuesta al hibridismo desolador que exhibía (y exhibe) nuestra constante adhesión cultural, a todo lo que proviene del exterior. París ayer y anteayer y hoy, cuanto proviene de los países sajones. Los porteños particularmente se hipnotizaban con Europa. "Es que Dios estaba allí". Era la City. Donde estaba la fuente de toda luz y verdad, decía Juan M. Gutiérrez, era el cerebro y el corazón del universo civilizado.

¡Es que estábamos muy lejos¡

La temida transcultura, que era por entonces (y es) ideal de civilización y progreso. Pero también de no pocas calamidades, en cuanto a enfermedades y hábitos.

Hubo así quiénes nostalgiosos, volvieron a valorar el terruño. El retorno a los valores tradicionales, periodísticos, políticos y sociales estaba latente. El "Santos Vega" de Rafael Obligado, que evoca al gaucho tan denostado por Sarmiento, acababa de ser editado en París. Nacieron así muchos tangos patrióticos, que en sus partituras incluían colores patrios y granaderos.

Nuestros poetas y autores teatrales respondieron con canciones y luego con Tangos, sin alegorías deformantes, inaceptables además, en la música, el baile y el canto, reafirmando la identidad y sus raíces.

Fue Juan de Dios Filiberto, quién desde las orillas relacionó la milonga campesina, "la que se bailaba de alpargata", con el Tango "de taquito militar". Con obras a las que llamó: Tango estilo, "Amigazo", Canción tango "El pañuelito", que antes con letra de Facio Hébequer fue "La planchadorcita", "Clavel del aire", con letra de Fernán Silva Valdés, etc.

En 1907 se produjo "la rebelión de las escobas" o de los inquilinos, encabezada por Josefina y las letras de Nemesio Trejo reclamando en tono de cuplé por lo mismo, como antes lo había hecho "La casera". La inmigración es fulminada, denostada, por Lucio V. López, Martel y paradojalmente Paul Groussac.

Luego sus avatares son más conocidos. En 1910, año del centenario de mayo

cuyos festejos se extendieron todo el año, se observó en los desfiles militares, la presencia de la Infanta Isabel de Borbón, tía del Rey de España, junto al presidente José Figueroa Alcorta, mientras las bandas ejecutaban un tango de Alfredo Bevilacqua "Independencia".

Las letras de los mismos exaltaban lo criollo o argentino en particular. Vicente Greco y su tango "Argentina" fue uno de los tantos. Rubén Darío el genial poeta guatemalteco, residente aquí por su tarea diplomática, dijo del momento histórico del país: ---"Que se vivía en la región de la aurora".

Mientras tanto, la población se abstraía de las crisis obreras, de las que eran sus víctimas, de la abstención de la Unión Cívica, el partido de Alem*, (que representaba lo popular y luchaba contra el fraude, la inseguridad jurídica, por falta de leyes que aseguraran el voto secreto y el continuismo conservador), de los atentados**, estimulados por la impotencia social y las nuevas ideas. Exacerbadas luego de las conferencias de Enrico Malatesta, de 1899. Muestras de ello, son la letra de Francisco Bianco del tango "El obrero", el vals "La canción roja" de Martín Olegario Saldías y "En la conscripción" de Andrés Cepeda.

*El 2 de julio de 1896, luego de acordar encontrarse con varios amigos, se suicidó, Leandro N. Alem, cuando iba en coche hacia el club del Progreso, que estaba en Victoria y Perú, desde su casa sita en Cuyo (Sarmiento) entre Rodríguez Peña y Callao, ( luego del 1900 en avenida de Mayo 633)

**Los realizados sin concretar sus objetivos por un jovencito, Juan Mandrini contra Victorino de La Plaza o el de Simón Radowitzky contra el jefe de policía y autor de la represión obrera, (ametrallamiento) realizada en las manifestaciones de 1° de mayo pasado, Ramón L. Falcón, que provocó su muerte y la de su secretario.

El interior recogía las pésimas expresiones de los viajeros que lo visitaban y las censuras reiteradas, por sus falencias.

Se superó el balbuceante y pobre, decir de los actores, así como al mejorar el léxico se logró atraer a otro público, otros espectadores más cultivados intelectualmente. Además, se salió del criollismo pendenciero de Moreira o del refranero de Sancho Panza y de las frases hechas del Tartufo, para ensalzar lo heroico, de la gesta de la independencia.

Esta pléyade de autores que ilustró y enseñó a pensar a los ciudadanos, la integraron Florencio Sánchez, que infortunadamente falleció con apenas 36 años, por tuberculosis en Milán, José González Castillo*, Ricardo Guiraldes, José A. Saldías Alberto Gerchunoff y José Ingenieros, (este ya médico, profesor de psiquiatría, criminólogo, sociólogo, psicólogo, ensayista histórico y fundador de la Revista de filosofía en 1915, también con la ayuda del editor Severo Vaccaro de "La Cultura Argentina" uno de los primeros exponentes del quehacer literario del país, animador de OMNIA, escribió numerosas obras, entre ellas "El hombre mediocre" dedicado, según refiriera el autor a Aníbal Ponce, al presidente de la república, Roque Sáenz Peña, "La simulación de la locura", "Histeria y sugestión", "Patología del lenguaje musical", "Criminología", "Las fuerzas morales", fue además, el formidable propulsor del Iluminismo, neo positivismo, que seguía las teorías evolucionistas de Lamarck y Darwin y exigía la búsqueda de la verdad científica y la negación de los dogmas, junto a Coriolano Alberini, Alejandro Korn y Carlos Octavio Bunge, gestor de la Reforma Universitaria de 1918, en Córdoba, trasladada luego al mundo). Nacido en Italia en 1877 y llegado al año. Falleció en 1925.

Los poetas Leopoldo Lugones, Belisario Roldán, Evaristo Carriego, muerto de tuberculosis cuando no había cumplido los 30 años, autor de "Misas herejes", dedicado al "mecenas" y editor de muchos jóvenes, Salvador Boucau, Javier de Viana, Héctor Pedro Blomberg, el poeta de Montserrat y de la ciudad toda, por su madre sobrino nieto del mariscal Francisco Solano López, autor de "La canción lejana", "A la deriva", "Las islas de la inquietud", etc., Evar Méndez, "Canción de la vida en vano", Gustavo Caraballo, abogado y periodista, "Las sendas del arquero", "Las visiones del silencio", "Prudencio Luna" y otras, Alvaro Melián Lafinur, "Sonetos y triolets", "Las nietas de Cleopatra", "Figuras americanas", Oliverio Girondo, Rafael de Diego, Baldomero Fernández Moreno, Mario Bravo, notable abogado y poeta, que coincidió con Carriego en los temas de perros y caballos, Emilio (el vizconde) de Lascano Tegui, "Libro blanco", "El árbol que canta", "Muchacho de San Telmo", Arturo Capdevila, Arturo Marasso, Rafael Alberto Arrieta, Absalón Rojas (hermano de Ricardo "El Santo de la espada" y Nerio, médico, profesor titular de medicina legal) abogado, "Carta desde el mar", Eugenio Díaz Romero, José de Maturana, que vivió tan sólo 33 años, "Cromos", "Naranjo en flor", "El campo alegre", "La vuelta de Sócrates" inconcluso, Antonio Monteavaro, escritor, periodista, profesor de letras y por fin, abogado, (siempre listo a iniciar un duelo verbal, si no estaba en copas) con "El eterno conflicto", Enrique Banchs, que se autosilenció como autor a los 23 años, "Las barcas, "El libro de los elogios","La urna", 100 sonetos, Alberto Ghiraldo, el poeta anarquista que escribía en "la Protesta", a los que se sumaban Rubén Darío, llegado como diplomático de su patria, Nicaragua, que residió varios años entre nosotros y Charles de Soussens (según Ingenieros y como mofa, apodado "el ginebrino" aludiendo intencionadamente a su adicción al alcohol* y a su origen), aunque nació en Friburgo, ciudad del S.O. de Alemania cercana a la frontera francesa, autor de "Oda a la R. Argentina", "El ajenjo de Palacios" y otros.

* Adicción que compartía con Rubén Darío, Javier de Viana, Antonio Monteavaro, Diego Fernández Spiro y algún otro, que olvidamos.

Fueron autores de dramas, que recogían las vivencias de las gentes, entre tantos, Eugenio Gerardo López, que llegó a grabar numerosos en cilindros y discos. José Antonio Saldías, José González Castillo, Enrique García Velloso y los orientales Florencio Sánchez y Carlos Mauricio Pacheco*.

*En el sainete "La Tierra del Fuego", dedicado al Dr. Elías Regules, dice: ---"porque creo que hay un alma gaucha, atracada al arrabal porteño"---. Esto trae a la escena al gaucho. Antes José M. Ramos Mejía en "Rosas y su tiempo" había criticado las danzas, sobre todo el lundun, el lundú, pero aclarando:---"acaso el placer se halla en el baile, el desborde, de contorsiones y gritos en que las negras se agotaban al delirio del Tango":

---"y entraron a mamediar
media caña y caña entera
Ah¡ China... si la cadera
Del cuerpo se le cortaba
Pues tanto la mezquinaba
En cada dengue que hacía
Que medio se le perdía.

Florencio Sánchez nació en Minas, República Oriental del Uruguay. Siendo adolescente tomó parte de las revueltas revolucionarias de Aparicio Saravia y con sólo quince años escribió "Il Libero". Estando en Rosario de Santa Fe, produjo "Gente honesta", que la firmó Stein, luego fue "Canillita" y ya en Buenos Aires, "M’ hijo el dotor", "Cédulas de San Juan", "La pobre gente", "La gringa", "Barranca abajo", "El conventillo", "Los muertos, "Moneda falsa" y muchas otras. Por el contenido descarnado de sus obras, la crítica le fue despiadada. Nadie como él y González Castillo reflejaron la realidad argentina contemporánea, su temperamento y sobre todo éste último, su espíritu libertario y sus utopías. Sólo sus amigos José Ingenieros, Luis Doello Jurado, Antonio Monteavaro, José González Castillo* y Joaquín de Vedia, le apoyaron y lo defendieron.

*José González Castillo, nació el 25 de enero del 1985 en Rosario. Vivió y falleció en su barrio de Boedo, en la mañana del 22 de octubre del 1937, mientras mateaba.

Era alegre, inquieto, dinámico. Escribió 77 obras de teatro, con un color social singular, donde sus ideas ácratas estaban vigentes. Fue periodista, poeta, autor de los versos de varios tangos antológicos, "Grisetta", "Silbando", "Música de calesita", "El aguacero", "Organito de la tarde", "Envidia" y otros. Dramaturgo, profesor de actuación, director y guionista de cine, fundador de la Peña Pacha Camac y de la Universidad Popular de Boedo. Escribió "de todo", su objetivo primordial era educar, a todos los niveles sociales. Fueron sainetes, dramas, comedias, zarzuelas, revistas, cuentos para niños, monólogos, algunas firmadas con seudónimos, Martín Gla. Era el teatro de ideas, para pensar, como Florencio Sánchez, todo intuición, que años después se llamó de protesta. Si en Florencio la vida carecía de esperanzas, nacer era un comenzar a morir, en González Castillo fluía el amor, en el que creía, en el futuro de la gente. Individualmente, coincidían ambos en la negación de las soluciones divinas.

Había completado sus estudios primarios y secundarios en el Seminario de Salta. De talla poco más que media, rubio de cabello y bigote rizado, quedó calvo muy joven. Trabajó en los menesteres más diversos, peluquero, vigilante, oficial de justicia, periodista, vendedor de vinos, etc. En 1930, cuando la dictadura, echó al gobierno de Irigoyen se exilió en Chile, en Valparaíso. Trabajaba en una empresa exportadora-importadora londinense, para lo cual debía saber inglés. Al regreso, al mismo barrio de Boedo, se vinculó al diario Crítica y a Max Glucksmann, para trabajar como traductor de películas y redactor de títulos en español.

Sus hijos fueron Catulo*, Gema y Hugo. El primero nacido en 1900 y fallecido en 1975, fue excelente músico y notable poeta. *La acentuación esdrújula fue ulterior.

Sus obras, "Los rebeldes", de 1905, "Del fango" con música de J. Reynoso, de 1907, que le estrenaron los hermanos Podestá, "El retrato del pibe" de 1908 que interpretó Florencio Parravicini, "Luigi" que estrenó Enrique Muiño, "El moderno" de 1909, "Entre bueyes no hay cornadas" sainete en verso de 1909, "Los invertidos" de 1914, "Los dientes del perro" de 1919, "La mala reputación" que debatía el divorcio, de 1918, "El pobre hombre" drama que representaron la Compañía de Enrique de Rosas y Matilde Rivera en el Avenida, que exponía el psiquismo y sus alteraciones. "Derecho de asilo" se estrenó luego de su muerte, etc.

Alberto Sánchez, "Sanchito" hermano de Florencio, cargó con los odios y afectos del mismo y su obra, aunque menor en cuantía, siguió la misma línea de aquél.

Fue autor de "La vuelta de Braulio", "Las tertulias de la botica", "El batitú", "Criollos y gringos", "Los buenos tiempos", "Mala cría" y otras.

Julio Sánchez Gardel, para los "alacranes", fue "Sánchez el malo", era además, un exquisito pianista de música clásica, oriundo de Catamarca y primo de Ezequiel Soria, autor (de "Justicia criolla" obra estrenada antes del fin del siglo XIX) compitió con los anteriores. El gran actor Jerónimo Podestá le estrenó en el teatro de "La Comedia", "Almas grandes", luego "Los Mirasoles", "En el Abismo", "La montaña de las brujas", "El Zonda", "Las campanas", "Cara o cruz" y otras.

Enrique García Velloso comediógrafo, novelista, periodista, crítico, docente, traductor, adaptador y autor prolífico, tanto de estampas de arrabal, dramas sociales, sainetes gauchescos, incluso zarzuelas, "La casa del placer", "Fuego fatuo", "Las condenadas", "El perfecto amor", "El corneta de Belgrano", "Caín", "Jesùs Nazareno" y muchísimas otras.

Gregorio de Laferrére autor de "Las de barranco", "Jettatore", y otras. Alberto Novión, también autor de tangos, Carlos Mauricio Pacheco, José de Maturana, Nicolás Granada, autor de la letra del tango de la baronesa Eloisa D´Erbil de Silva, "Maco" en homenaje a un bailarín, Mariano Milani, un niño bien, pareja de baile de Joaquina Marán, la heroína del tango homónimo, del guitarrista y pianista Juan Bergamino, Martiniano Leguizamón, Manuel Ugarte, David Peña, Joaquín de Vedia, Alberto Weisbach, Roberto Cayol, Roberto Tálice, Ezequiel Soria, Federico Mertens, Nemesio Trejo, Enrique Villarreal, Gonzalo y Mariano Bosch, Armando Discépolo, Ernesto Herrera "El pan amargo", "El caballo del comisario", "El león ciego", Martín Coronado "La piedra del escándalo", "Críticas negativas", Manuel Gálvez, Horacio Quiroga, Juan P. Echagüe, Roberto Payró, Mario Bravo, Tito Livio Foppa, Gustavo Caraballo, Francisco Collazo, Diego Fernández Spiro, Edmundo Guibourg "El sendero de las tinieblas, "Cuatro mujeres" y otras, Samuel Linning, Roberto, Vicente y Carlos Martínez Cuitiño, Emilio (el vizconde) de Lascano Tegui, Francisco Ducasse, gran actor y formidable bailarín de tangos, triunfador en Europa de varios concursos. También Carlos Schaeffer Gallo, prolífico autor teatral y también del primer tango escrito estrictamente en lunfardo "El romántico fulero" al que conocí y con quién compartí algunos cafés, en "Los Indios" de Córdoba y Río Bamba, previo a mis primeros exámenes y muchos más.

De la arena del circo al Apolo, pasaron los Podestá, Pepe, Pablo, Juan y Jerónimo, actores notables y Antonio pianista, que brillaron en el teatro criollo. Ellos pusieron en escena a Juan Moreira, Santos Vega, Juan Cuello, Martín Fierro, siguieron "Calandria" de Martiniano Leguizamón, "Cobarde" de Pérez Petit, "Julián Jiménez" de Abdón Aróztegui, "El entenao" de Elías Regules, de Nemesio Trejo "Los vividores", de Eugenio G. López "El obrero", de Agustín Fontanella "La florista", de Enrique Buttaro "Los boquenses", de Enrique García Velloso "Instituto Frenopático" y otros autores como Félix Sáenz, Pedro Pico, Ezequiel Soria, Enrique Demaría, G. de Laferrére, José L. Pagano, Martín Coronado, Nicolás Granada, Roberto Payró.

Intérpretes brillantes fueron Florencio Parravicini, Enrique de Rosas, Guillermo Bataglia, Orfilia Rico, Angelina Pagano, Camila Quiroga, Eva Franco, Blanca Podestá, Olinda Bozán, Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco Ducasse, Leopoldo y Tomás Simari, (cuya esposa Adelaida Soler, fuera mi paciente) la compañía Vittone-Pomar, Pepe y César Ratti, Gregorio Cicarelli, Iganacio Corsini y otros. Españoles, los formidables Ernesto Vilches, María Guerrero, Fernando Díaz de Mendoza, Margarita Xirgu, María Gámez, Emilio Thuillier y otros.

El mundo del varieté, comienza entre el llamado siglo de las luces (aludiendo al XIX) y las transformaciones económicas, los cambios científicos y filosóficos del mismo. Esto, pese a negarse intencionadamente el pasado, tal como se niega la memoria. Unos, porque pugnan que esté presente*, otros para que el fárrago de acontecimientos lo cubra, oculte e ignore. *Ortega y Gasset, respecto del tiempo pasado decía: Que amarlo sería congratularse de que haya transcurrido, dando lugar en su ascenso, a una vida más pura y esencial.

El varieté consintió como espectáculo elemental no sólo el decir, sino el canto y también las tonadillas zafadas, picaronas de Ana Campomanes (que en realidad era una mestiza, llamada Ana Rodríguez, citada anteriormente y otras). Admitió en ocasiones lo escatológico, sicalíptico, la gracia procaz, por ello era rara la presencia de damas entre el público, que sólo asistían detrás de las persianas de los palcos en el Casino y luego también en otros teatros.

Cuando la liberación de las costumbres, las damas fueron apareciendo como artistas, sobre todo bailarinas de danzas diversas, no sólo lascivas, incluso de los primeros tangos, hermanados con los sainetes.

Según Sebastián Gasch, autor de la Historia del Music Hall dice:---"que éste deriva del café cantante y del café concert. Que nació luego del 2ª Imperio, (de Napoleón III, "el pequeño") en el 1900 y muestra lo audaz, lo diverso, lo curioso, insólito, excéntrico, fantástico, irreal e imprevisto.

Fue el "género chico" español el antecesor del café concert, del music hall y de otras variedades. Sin embargo algunos de aquellos artistas como Antonia Mercé "La Argentina" concluyeron en el Teatro Colón, cantando música de Manuel de Falla. Lo mismo aconteció con Encarnación López "La Argentinita" con obras de García Lorca. Otros llegaron al San Martín, como Pastora Imperio, como después lo hizo la gran Lola Membrives, Iris Marga y hasta el mismo Carlos Gardel.

Fueron escritores del género chico Justo López de Gomara autor de "Paseo en Buenos Aires" donde evoca a la avenida de Mayo, Nemesio Trejo, Ezequiel Soria autor de "Justicia criolla" de 1897, Manuel Ocampo, el oriental Enrique Demaría y otros.

La presencia de Tangos, ese---"chimento rantifuso y porteñero"--- según dijera Carlos de la Púa, era habitual de los mismos. Sintetizaban en sus letras el texto de la obra. Compuestas sus músicas en algunas circunstancias por españoles, como Francisco Payá en "Compra y venta" con letra de Carlos Mauricio Pacheco y Pedro E. Pico. En otros casos por Eduardo García Lalanne, que lo hacía con obras españolas o criollas como "Gabino el mayoral". Así "Ensalada criolla" de Enrique Demaría y Eduardo García Lalanne, "Fumadas" de Enrique Buttaro, "Noche de garufa" de José Antonio Saldías, que en el 3° acto muestra el tango en el Hansen, "Los dientes del perro" de José González Castillo y Alberto Weisbach, con la orquesta de Roberto Firpo, donde Manolita Poli canta "Mi noche triste" en 1917 y en el 18, con "Pacho". Juan Maglio, "Qué has hecho, de mi cariño".

Mientras tanto París, antes de la primer guerra mundial vivía la locura y la euforia del baile del tango, en sus distintas variables, marcial al estilo de Valentino, carentes de cadencias o criollo con Alfredo Eusebio Gobbi, Enrique Saborido, "el negro" Simarra, Francisco Duccasse, Casimiro Aín y otros.

Tangoville, le llamaba ironizando el caricaturista Sem (discípulo de Cam) que le comparaba por su fama y la profusión de lugares clandestinos de baile al vals vienés. Las cenas, tes, almuerzos, con tango eran habituales entre las clases altas, incluso con disfraces. Esto se replicaba en Buenos Aires en los clubes privados (el Z Club, El Progreso, Jockey Club y otros), en mansiones, embajadas, teatros y en centros regionales y barriales. Como género chico, acompañando los sainetes.

No hay duda, que la vida artística creció en Buenos Aires después de las fiestas del Centenario de Mayo en 1910, que se extendieron un año. También la sensibilidad y el aumento de los espectadores. Los teatros Odeón y Apolo, inaugurados en 1892, junto al Coliseo, el Scala (luego Maipo), Buenos Aires (desaparecido) Nuevo, indicaban las expectativas y la avidez de los porteños por ver las obras de aquellos autores mencionados.

En el Scala que era un music-halla de tercer nivel, luego del Casino y el Royal comenzaron cantando canciones camperas Carlos Gardel y José Razzano, el 16-9-16, ("Mi noche triste" lo cantó Gardel a fines del 17).

Buenos Aires era la "meca" artística latina.

En el 14 brilla la Goya, Aurora Jauffret * recién llegada de España, le copia Lola Membrives. También Zazá, Teresita Maraval, la de los hermosos ojos verdes claros. Luisa Vilá, la catalana, en el Magestic, hoy Paramount, la que pide en una de sus canciones "por más cocaína". Como Carmelita Aubert, lo cantara después en tiempos del franquismo.

Se ha denostado reiteradamente a las tonadilleras por el nivel de sus monólogos, pero---"sin embargo, enfrentar al público, sólo/a o en dúo, sin interlocutor, ni libreto, sin apoyo de utilería, con sólo hablar o cantar, requería tener un encanto, un duende, un "angel", singular, afirma Osvaldo Sosa Cordero en la Historia del Varieté.

*Cuando en 1916 se constituye la Sociedad Internacional de Artistas de Varietés, se designa presidenta honoraria a La Goya y presidente a Juan Corona, padre de la admirable actriz Margarita Corona. Carlos Gardel era vocal.

Se llega así antes del 1925 al ciclo de oro, del afrancesado varieté. Comenzaba a afirmarse el Tango, con locales especiales. No estaban aún, la radio y la TV.

El "género grande" eran el drama, la comedia o la zarzuela de 3 o más actos. El "género chico" eran los entremeses, los sainetes, etc. y el varieté. Lo ínfimo, el bataclán.

Sobre Corrientes aún angosta, se hallaban los teatros Opera, entre Florida y Uruguay, con lírica y Apolo con obras argentinas. Además, El Odeón con compañías de París, Roma y Madrid. El San Martín de la calle Esmeralda, ex Skating Ring, Casino, De la Concordia, El Scala, Victoria y El Pigall. Luego, fueron apareciendo muchos otros, hasta constituir la formidable oferta diaria que asombra a los visitantes, que no tienen aún en la vieja Europa, la variedad notable de obras, actores y variedades que aquí se ofrecen.

Prof. Emilio Santabaya.

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